. Bonaventura Gran

11 Setembre, 2008

Anoche soñé contigo.

Sabía que hoy te ingresan.

Soñé en tu sonrisa. Soñé en un paz interior enorme que te abrigaba. Soñé que eras feliz después de todo. Íbamos por la calle, sin más. Y te reías. Te reías a carcajadas. Y me mirabas a los ojos, y ya no había atisbo de miedo alguno. No más conversaciones sobre trasplantes, sobre plaquetas, sobre analíticas, sobre tratamientos. No más cáncer.

Me desperté con el corazón cabalgando dentro de mí. Sudado y con, seguramente, unas décimas de fiebre. Pero no me acordé del sueño hasta esta mañana. Y ahora entiendo lo que me sucedía. Ahora entiendo la angustia. Ahora entiendo por qué ese miedo. Y si yo estoy así, no puedo in imaginarme como estaréis en casa.

Aun así, no quiero ponerme triste. Bueno, a lo mejor dejo que salga alguna lagrimilla, pero nada eh, algo simbólico. Voy a pensar en ti a menudo. Intentaré mandarte toda la energía positiva que encuentre. Y si después de todo, soy capaz de arrancarte una sonrisa de vez en cuando, lo consideraré un pequeño logro personal.

Eres fuerte. Más de lo que crees. Podrás con ello. Y cuando salgas, con toda la experiencia que habrás adquirido, podrás ser mejor persona. Podrás ayudar a gente con leucemia. Podrás poner tu granito de arena en esta lucha. Y podrás abrazarme de nuevo.

Pero no tengas prisa. No pierdas la paciencia. Sabes que te llevará tiempo. Pero también sabes que que llegará.

Incluso podrás licenciarte!

Hay toda una vida allí afuera, más allá de médulas y aislamientos. Y te está esperando con ansia. No nos dejes tirados eh!

Me quedaré con el recuerdo de mi sueño. Me quedaré con la Rosi más feliz del mundo.

Sóc el teu groc. Me quedaré contigo